Sí, tengo canas. Desde hace ya unos cuantos meses, no cuesta nada encontrarme un pelito blanco sin esforzarse en buscar. Evidentemente, me estoy haciendo viejo, aunque no es algo que me preocupe demasiado, hay cosas más importantes.

Es curioso como uno se acostumbra a las cosas que tiene y solo se percata de ellas cuando le faltan. Yo no había tenido en demasiada consideración los problemas capilares asociados a la edad. Y echando un rápido vistazo a la herencia genética familiar, no tengo las de ganar. Si ya me decía mi madre que “se hereda todo lo malo”.