Nada más establecernos a la pensión, los “repetidores” nos empezaron a contar anécdotas sucedidas otros años, para que viéramos dónde nos habíamos metido. Puede que exageraran algo las historias pero, qué caray, si no las exageras no suenan igual de bien.
La verdad por delante: yo nunca viví con Jacko. Todo lo que llegó a mí fue en base a anécdotas de otros años, eso sí, vividas por personas que compartieron morada con él. Y qué puedo decir, es uno de esos personajes singulares que se encuentra uno a veces por ahí.
Comencemos por una anécdota graciosa para ir abriendo boca. Jacko era un tipo deportista. No sé si tendría un gran físico, aunque es probable que no. Al menos había estudiado Magisterio con especialidad en Educación Física. Éso es una carrera con salida y no la que estoy haciendo yo.
Un día, entre las risas de los compañeros de piso, Jacko decidió dar una voltereta por el mini-pasillo del piso con tan mala suerte que al caer, el parquet no soportó tamaño esfuerzo y cedió, para mostrar sin pudor el piso de abajo. Dice la leyenda que el gato de la vecina de abajo se quedó mirando a Jacko que había metido la pata hasta el fondo. Literalmente.
A estas alturas, nadie debería sospechar una de las más conocidas aficiones de Jacko: el sexo. No es que lo practicara mucho, sino más bien que estaba obsesionado con el tema. Todo el santo día hablando de ello, haciendo bromas de tal o cual elemento que se parece, ya me entienden. Si son espectadores de la serie Scrubbs, no les costará asociar a Jacko con el cirujano Todd.
Jacko era conocido por instar a los habitantes de la pensión a irse a la cama pronto para no perderse la película porno del Plus los viernes. Ya imaginan para qué. Lo curioso es que nosotros no teníamos dicho canal descodificado, pero a Jacko no le hacía falta. Aún codificado le resultaba fácil distinguir lo que se estaba viendo (cosa en la que tiene cierta razón, aunque si codificamos cualquier programa igualmente parecería porno). Él contaba que le gustaba masturbarse (¡hala! ya lo he dicho) de pie, con las piernas ligeramente flexionadas para “hacer gemelos”. Una vez llamó a la puerta de uno de sus compañeros. Casi no podía contener la risa y mientras su compañero iba abriendo la puerta, iba viendo la escena: tenía la mano extendida con un líquido gelatinoso en la mano…
Una vez se percató de lo que tenía delante, la puerta se cerró de sopetón, y la imágen de Jacko se hundió más (si cabe). Aún hoy os lo podéis encontrar por ahí, jugando al fútbol en sus ratos libres. O quizás os pregunte cuales son vuestras posturas favorítas (verídico). Quizá hasta os toque vivir con Jacko.
- Queda inaugurado este pantano
- Soporte vertical casero para la PStwo
- HappyHouse – Capítulo 3 – El más humano
- Scratch
- HappyHouse – Capítulo 1 – Antecedentes
- 26 de Mayo de 2007 a las 11:04 am
Abe dice:
Pie y ligeramente no llevan tilde; por lo demás, visto lo visto tuviste suerte de no vivir con Jacko
Miguel Herrero dice:
Según Rodri, sí que vivimos con él. Aunque yo no lo recuerdo, la verdad. Estuvo un tiempo sí pero no fuimos testigos de espectaculares vivencias. Salvo la de preguntar las posturas favoritas a una de las inquilinas.
Y gracias por la correccón, yo tiendo a poner tildes de más. Tengo que habituarme a pasar los posts por un corrector ortográfico

