Marines. Y aliens. Artefactos ancestrales y puertas que nunca se debieron abrir. Reclutas que se separan de su pelotón. Cámara lenta, explosiones y oscuridad. Secuencias organizadas aleatoriamente. Diálogos estúpidos. Amigo que sacrifica su vida para activar el detonador. Pausas incómodas.

Todo eso define a la película Alone in the Dark que, por si alguno no lo sabe, NO tiene nada que ver con la saga de videojuegos. Absolútamente nada. Bueno, han cogido prestado el apellido Carnby y poco más. ¿Qué otra cosa podíamos esperar de una película de Uwe Boll? pues muchas cagadas. Pero en esta película parece que se ha comedido y no hay nada de capturas del videojuego, o tomas a cámara lenta girando 360º alrededor de alguien, ni siquiera se ve un trampolín en un salto o un micrófono. O al menos, no está mostrado tan explícitamente como viene siendo la tónica.

Es posible que sí que tenga todo eso, lo que sucede es que posiblemente no lo hayamos visto, teniendo en cuenta que el color que predomina en la película es el negro. No me refiero a que esté oscuro, sino a que no se ve un pimiento. Lo bueno es que así no hay que preocuparse de interpretaciones o efectos especiales: solo hace falta que los fogonazos de las armas y las explosiones se vean bien. Y muchas veces, ni eso.

Aún así, lo que más me llamó la atención no fue todo el despliegue de topicazos, sin el sinsentido del montaje. Resulta imposible no darse cuenta de los huecos existentes al pasar de una localización a otra y, en la mayoría de los casos, uno acaba por dejarse llevar y no intentar enlazar la trama. Realmente me gusta ver películas malas, y si son de Uwe Boll mejor. Pero es que esta no es mala, es molesta.

Lo único que se salva, en mi opinión, es la banda sonora (inspirada en… ya sabéis, luego no sale en la peli), en la que la discográfica Nuclear Blast ha hecho uso de todo su repertorio. En fin, si alguien se anima a verla, yo la ví en Canal Hollywood hace unos días y supongo que la repitan, y si no, siempre queda buscar en la red.