Qué puedo decir de Asensio. La información general nos dice que es el profesor de Fundamentos de Ingeniería del Software (antes conocida como Ingeniería del Software a secas) y que da clase en la EUITIO. Corren muchísimos rumores acerca de sus métodos de enseñanza. Y la mayoría son ciertos me temo.

Cuando me dio clase, recuerdo que ponía las transparencias a una velocidad endiablada. Para poder pillar todo había que escribir de forma ininteligible, similar a los garabatos de un médico diestro escribiendo con el pié izquierdo. Porque NO nos iba a dar las transparencias, según él, para que atendiéramos en clase (cosa que tiene parte de lógica).

Yo sabía que esos apuntes, tras unos días de reposo, iban a ser imposibles de leer, así que decidí redactarlos en el ordenador de forma ordenada. Esos son los apuntes que podéis descargar en la sección de Descargas de este blog. Y eran unos apuntes literales de lo que se decía en clase y lo que mostraban las transparencias. Estoy orgulloso del resultado de esos apuntes y muchísima gente los utilizó para estudiar y aprobar la asignatura (aunque soy consciente de que el temario ha podido cambiar a lo largo de los años).

Hasta el propio profesor me preguntó si yo era el de los apuntes, y en el curso siguiente, consciente de que la gente iba a tener en mis apuntes prácticamente todas sus transparencias, dio sus propias transparencias al dominio público. Todavía recuerdo estar en la cola de la corrección del primer examen, escuchar a un chico preguntar si los apuntes eran fiables y rápidamente respondieron varios que era lo que se daba en clase de forma literal. Yo dije que conocía al que los hacía y que eran fiables. Fue una situación curiosa.

Volviendo al tema del método de enseñanza de Asensio, ya habíamos oído que sus exámenes eran puramente teóricos y que quitaba puntos por todo. Cuando llegó el primer examen, muchísima gente suspendió, creyendo que les había salido bien (yo entre ellos).

Cuando fuimos a la corrección (con una cola de, pongamos, 40 personas de media) iban entrando y saliendo de uno en uno. Todos con la misma cara, NADIE había conseguido aprobar. Cuando llegó mi turno, no daba crédito. Allí nos recibía con una sonrisa en la cara (estuvo muy amable, todo hay que decirlo) mientras que nos invitaba a sentarnos.

Nos explicaba su método de corrección: él tenía a su lado el examen perfecto y en el otro lado el nuestro. Su puntuación comenzaba en 10 e iba bajando según encontraba diferencias. Había momentos en los que resultaba frustrante, porque el emplear sinónimos u ordenar de forma diferente una enumeración eran motivos de bajar puntos. Como él decía, “no habíamos entendido el concepto”.

Lo más gracioso, es que él se las apañaba para que pensásemos que no había podido hacer nada, puesto que a la mayoría nos subía la nota lo suficiente como para que se viera que era generoso y comprensivo pero NUNCA lo suficiente como para aprobar.

Cuando salí de la corrección me sentía totalmente inútil porque él había manejado la situación. Y de qué forma. No había manera de reprocharle nada, y él estaba atento y cordial todo el rato. Gracias a Dios , aprobé en la siguiente convocatoria. Y he de decir que es la única vez en toda la carrera que he copiado. Llevé todos mis apuntes en formato txt en el móvil y los utilicé todo lo que pude sin que me pillaran. Y no me arrepiento porque, lamentablemente, no soy una enciclopedia humana.