La pipa de la pazHace unos días tuve que bajar al todo-a-100 de los chinos que hay bajo mi portal. Hay que ver lo que puede uno encontrar en estas tiendas si rebusca un poco :D

El caso es que yo iba solo a por una aceitera, pero no pude resistirme a comprarme un pack de 90 varillas de incienso a 90 céntimos. Son tan buenos (o malos) como se esperaba, pero cumplen su función. El motivo de este post es para hablar de mi afición por el humo y el fuego. Que no se asuste nadie, no voy a salir a quemar medio amazonas, pero es cierto que hay algo en la aleatoriedad del humo y el fuego que me encanta.

Si tuviera que elegir entre una televisión o una chimenea, no dudaría ni un segundo. Me puedo estar horas mirando (y escuchando) al fuego crepitar y moviéndose con pequeñas ondulaciones. Lo mismo me pasa con el humo. Me encanta ver el movimiento del humo bajo una fuente de luz, verlo retorcerse y hacer formas.

De hecho, si el incienso no oliese, tampoco sería un problema, porque realmente yo lo compré por esto que comento. Al principio, me gustaba ver a la gente fumar (no demasiado cerca, porque no me sienta nada bien, como a todos supongo). Pero con la imposibilidad de quitar el olor a tabaco de la ropa tras escasos minutos de exposición, y lo que me afecta para respirar, ha ido perdiendo su encanto. Quizás también tenga que ver que desde hace unos años convivo con un fumador habitual.

Aún así, no puedo sino sentirme fascinado por ver cosas que espero que nunca se puedan reproducir de forma digital. Cosas como esta:

Y mi más sincero pésame a los habitantes de las islas canarias. Hay personas que siguen sin enterarse que jugar con fuego es algo muy peligroso.