Uno de los platos que menos solemos hacer es la lasaña. Y que conste que nos encanta, pero lleva muchísimo tiempo. La última vez me tiré casi dos horas para hacerla, sin contar el tiempo en el horno (aunque ha sobrado para comer otro día). Tardamos un par de veces en cogerle el punto , pero ahora ya nos sale como si la hubiéramos hecho de toda la vida.
Lo primero es cocer la pasta. Se pone una olla con agua y cuando esté hirviendo se echa un poco de aceite y sal. Luego se van echando las placas de pasta una a una despacio. Ni se os ocurra echar varias juntas porque ni Moisés podrá separarlas luego. Si os parece que no entran más (tienen que tener espacio para moverse en el agua), esperad a que se hagan todas las de esa tanda hasta meter más. Al sacar las placas, ponedlas unos segundos sobre papel de cocina para que absorba la humedad. Luego podéis reservarlas en un plato para luego.
Seguidamente hay que poner una sartén para hacer el relleno. Depende de qué queráis meter dentro, pero lo típico es carne picada. En este caso concreto, he usado carne picada, cebolla, pimiento rojo y algo de ajo. Cuando esté bien hecho, tenéis que echar algo de tomate, pero sin pasarse, no vaya a ser que el relleno quede demasiado líquido. Cuando terminéis lo reserváis aparte.
Ahora llega mi parte favorita: la bechamel. Aprendí como hacer la bechamel en condiciones gracias a un programa de la tele (en Localia) y es bastante distinto a la receta habitual. Pero con esta receta nunca salen grumos y queda muy bien. Tenéis que poner a calentar un poco de leche en un cazo (que cubra el fondo generosamente). Ponedlo a fuego lento, debe estar caliente, pero no hervir. Mientras, en un vaso/taza/cuenco hay que mezclar, a partes iguales, aceite y harina. También conviene echar sal, porque la bechamel sin sal no sabe a nada. Dadle vueltas con una cuchara de madera hasta que se mezcle la harina y el aceite y quede con una apariencia como de miel.
Luego lo echáis al cazo con la leche y a remover tocan. Para que mezcle bien y la bechamel vaya engordando tenéis que darle al fuego, pero no demasiado porque se quema con facilidad. Si la bechamel se espesa demasiado, echar un poquito de leche. Seguid echando leche de poco en poco hasta que veáis que el espesor es el que queréis. Para una salsa convendría que fuese ligera, pero para la lasaña necesitamos que quede espesa para que sirva de pegamento para las capas de pasta.
Conviene que la bechamel tarde en hacerse, no pongáis el fuego alto para acabar antes, o la harina no se hará y tendrá un sabor a crudo. Cuando terminéis, apagad el fuego y dejadla reposar. Os recuerdo que la bechamel siempre espesa un poco al dejarla reposar.
Ahora llega la parte divertida: montar la lasaña. En una placa de horno o un molde rectangular, id poniendo placas de pasta, echad un poco de la carne y luego una capa de bechamel. Seguid haciendo capas hasta cubrir con una capa final de pasta. Por encima echad el resto de la bechamel y poned abundante queso rallado por encima.
Un último golpe de calor en el horno terminará de hacer la lasaña y dorará el queso que hemos echado. ¡Bon apetit!
- 5 de Septiembre de 2007 a las 12:21 am
riversnavia dice:
Sin duda uno de mis platos favoritos, y esa tiene muy buena pinta.
KnudoW dice:
Esas fotos son de la que hiciste??? Dios! Hace muchos años que no como una lasaña casera… suelo tirar de lasañas congeladas, xD
KnudoW dice:
Casualidades de la vida, me han permitido saltarme el régimen hoy y comer lasaña sin yo pedirlo, xDD



