Éste fue uno de los primeros juegos que probé en mi PStwo, y poco a poco he ido terminando los niveles. He de decir que, aunque es un juego MUY repetitivo, en pequeñas dosis es algo genial y despeja mucho de los videojuegos “normales”. Si tuviera que definirlo de alguna manera, diría que es el juego que haría Joaquín Reyes si viviera en Japón.
¿De qué va el juego? pues básicamente de hacer rodar una pelota que es capaz de adherir objetos. Cuantos más objetos pegamos a la bola, más grande se hace y podemos coger objetos más grandes, y así… hasta que terminamos siendo capaces de adherir casas, nubes e incluso el sol. La pelotita de marras se llama “katamari” y para que os hagáis una idea, el más grande que he hecho (quitando el del tamaño del sol, que es el último nivel) es de 1Km.
El juego se maneja como un tanque, es decir, cada stick mueve lo que sería una “cadena” del tanque por lo que para girar tenemos que mover un stick para arriba y el otro para abajo. Realmente hace las cosas más interesantes que el control clásico y teniendo en cuenta que no hay más botones, no es algo que incomode. Todo es cuestión de práctica.
En general, es un juego que no se toma en serio en ningún momento, desde los vídeos (que no tienen sentido alguno) a la música “a capella”, todo es humor hilarante. Los gráficos son muy esquemáticos pero están llenos de detalles y, además, cuando uno se da cuenta de que TODOS los objetos son susceptibles de ser adheridos, uno no puede sino quedarse sorprendido.

Evidentemente, tantos tipos de objetos hacen que, cuando la bola se convierte en algo gigante, no se vean los objetos pequeños, pero es que el juego va muy fluido, y la PS2 no es precisamente un portento del procesado (ni almacén) de datos. De hecho, hay pequeñas cargas “in-game” que son bastante cortas y sirven para cargar los objetos del tamaño de la bola, cuando esta agranda. Sin embargo esto pasa, como mucho, un par de veces por nivel y solo en ciertos niveles. En la mayoría no hay tiempos de carga.
Podría pasarme un buen rato comentando los detalles que plagan este título, como que al movernos por el “menú” de niveles (que es otro escenario más, realmente) podemos movernos bailando y el resto de personajes nos seguirán cual flautista de hammelin. O que hasta los títulos de crédito son originales.
Es cierto que el juego no es excesivamente variado y, cuando uno le coje el truco (que básicamente es no parar de rodar el katamari) los niveles se vuelven más fáciles. Sin embargo, lo que hace, lo hace muy bien y dentro de la idea tan sencilla de la que parte, mantiene el interés hasta el final e incluso después. Es simplemente divertido.
Puntuación: 5/5
- Y en la otra esquina del ring…
- Jak & Daxter
- Cargando, por favor espere…
- Locos por el surf
- Repaso al homebrew de la DS


