Hideo Kojima toma drogas. Drogas duras. Es un hecho que queda demostrado en el último 20% de MGS2:Sons of Liberty. Empecé a jugar a este juego el sábado al volver del cursillo de motores, y le eché 2 o 3 horas. Ya había jugado el juego hasta la mitad, más o menos, en PC y no me había resultado tan memorable cono el anterior. El día siguiente me puse a jugar un poco por la tarde. El reloj pasaba de las 10 de la noche y seguía enganchado a la pantalla.

Sí, tiene acción cinematográfica y, no nos engañemos, la mayoría de elementos siguen ahí, pero algo falta. Y no me voy a meter con el pobre Raiden, que ya tiene bastante con lo suyo. Él no tenía la culpa. Entonces fue cuando empezó lo que podríamos denominar como “el desenlace”. Cuando Kojima empieza a ir deshilando todo el argumento y van cayendo todos los pilares sobre los que se sustena el juego.

Cuando llegas a los títulos de crédito (tras una hora de cinemáticas en las que Kojima se ríe de tí en la puta cara) cuesta mantenerse en pie. Es una sensación similar a una bofetada cuántica. Se dicen muchas chorradas, sí. Pero esa forma de sacudir al espectador con giros argumentales sale mejor parada que la jugarreta final de Fahrenheit (para los que lo hayáis jugado: me refiero al clan púrpura). Cuando el juego termina, todo queda en un cliffhanger descomunal.

Sin embargo, no hay sentimientos de ira contra Hideo Kojima, pues uno está exhausto de tanto giro argumental como para seguir dando guerra. Exhausto y realizado. Sí.. aunque parezca extraño, surge un sentimiento de satisfacción, a pesar de haber sacado tan pocas cosas en claro. Así SÍ es como recordaba el Metal Gear Solid original.

Graficamente es bastante pobre, aunque tiene muchos detalles interesantes, como las sombras (en general, dan mucha ambientación) o el genial manejo de la cámara. Desde luego, las secuencias cinemáticas (muchas de ellas, en tiempo real) no tienen nada que envidiar a películas de Hollywood. Y en muchos casos son mejores. Quizá, lo que peor sabor de boca me dejó fueron los efectos de partículas, bastante sosos en general.

El sonido está muy bien, con una BSO que no molesta (aunque tampoco destaca) y unas voces muy bien elegidas y características para cada personaje. Y ya puede, porque hay una enorme carga de conversaciones en el juego.

Aún así, lo que destaca es la atmósfera cinematográfica de todo el tinglado. Las poses de los personajes, los tintes surrealistas (siempre en pro de lo espectacular) y las innumerables veces que se rompe la cuarta pared.

Tiene sus pegas, como todos, pero la sensación en general es de satisfacción. Sin duda es extraño encontrarse juegos en los que el argumento es tan importante, especialmente si son juegos con mucha carga de acción. Y si nada de esto te ha convencido… hacia el final del juego MANEJAS A RAIDEN EN BOLAS (no es broma).

Puntuación: 5/5