Antes de venir a casa ya me habían comentado algo: mi padre estaba ingresado en el hospital, aunque ahora ya se encontraba mejor. Por lo visto, la cosa fue bastante grave y ha estado realmente mal. Que casi no lo cuenta, vamos.

Y todo por un error médico. En un examen rutinario, el médico tuvo un traspiés, y no debió de darse cuenta. Además, te hacen firmar un papel por si las moscas, también hay que entender que todos somos humanos y tener en tus manos la vida de un paciente no es algo fácil.

Pasaron un par de días y mi padre se encontraba fatal, vomitando, y con mucho dolor. Para los que conozcan a mi padre es del tipo de personas que acompañan a los demás al hospital. Vamos, que a pesar de sus 67 años, está como un roble.

Al encontrarse tan mal, fue a un médico a que le hiciera una revisión. Tras varias pruebas, le mandó a casa con un gelocatil. No vió nada. No vió que tenía un desgarro en el intestino que se iba haciendo cada vez más grande.

El día siguiente ocurrió la tercera visita a un médico, uno con muy buena fama por aquí (y que ha operado a mis padres y a mí) y a las 2 horas estaban en el quirófano arreglando el estropicio.

Imagino que no querían decirme nada para no preocuparme, porque yo estaba enfrascado en cursillos de extensión y mi padre siempre da prioridad a mis estudios. Al menos, ahora ya ha pasado lo peor, y lo más posible es que hoy o el lunes le den el alta.

Resulta raro ver a mi padre así. Ya está mejor, pero verle tendido en la cama se hace extraño. Mi padre está algo enfadado, no con el primer médico y mucho menos con el tercero. El problema está en el segundo. Entiendo que haya muchos “cuentistas” que realmente solo necesiten reposo, pero ¿y si el que se queja lo hace porque de verdad le duele? Pastilla y a la cama.