Teniendo el grandísimo motor de Assassin’s Creed, era lógico que tenían que sacar más juegos para aprovecharlo. Y en este caso se juntaban dos elementos a tener en cuenta, por un lado retornaba una de las mejores franquicias de la pasada generación, y por otro era lógico pensar que ahora no estarían tan ocupados con la tecnología y podrían dedicarse más a la jugabilidad. Y bueno, es un poquito mejor que Assassins Creed.

Esta claro que este juego en el terreno audiovisual destaca. Y no solo porque tienen unos efectos excelentes, sino porque la dirección artística también tiene mucho que ver. Los gráficos son coloristas, muy vivos y la música está igualmente cuidada.

El planteamiento también es bastante simple: tenemos una serie de niveles interconectados (unos 20) todos ellos con la misma mecánica. Llegamos allí, matamos al jefe de turno y recogemos un número mínimo de bolitas azules. Ah, y solo hay 4 jefes, contra los que se luchan 5 veces cada uno. Y sin nada nuevo.

Y he ahí el principal problema de este juego, la falta de progresión. Ahora los saltos no están tan automatizados como en el Assassins Creed, y se ha cuidado mucho que el jugador no se sienta frustrado. Los controles responden bien, y no podemos morir. Si nos caemos, nuestra compañera Elika (que no molesta excesivamente, para ser una IA) nos dejará en la última plataforma que pisamos. En los combates, nos devolverá vida si la necesitamos, a costa de devolver también algo de vida a nuestro enemigo.

Los combates son un amasijo de quick time events, y no tienen demasiada “chicha”. Recuerdo combates en el Warrior Within muy interesantes y tácticos. Aquí, al menos yo, me limito a aporrear botones y de vez en cuando a pulsar un botón concreto para evitar perder toda mi salud.

Sin embargo, retomando el aspecto de la progresión, cuando jugamos el primer nivel, no tenemos mucho más que ver. Hay alguna que otra cosa nueva, claro, pero son nimiedades. No ganamos habilidades nuevas, aunque para “desbloquear” los niveles tenemos que activar ciertos botones de colores que nos permiten movernos de un punto a otro del nivel de forma mágica. Lo malo es que, de los 4 que hay, solo uno es realmente divertido (el verde, que nos permite correr por algunas paredes desafiando a la gravedad) y los demás se limitan a dejarnos en otra plataforma con mayor o menor velocidad.

Tampoco ayudan los diálogos. La historia es muy típica, pero no vamos a pedir peras al olmo, a fin de cuentas, en el Prince of Persia: The Sands of Time, la historia tampoco era muy original, sin embargo el juego era fantástico. Sin embargo, aquí el príncipe (que NO es príncipe, sino un guaperas buscavidas) es muy poco “atractivo”. Al menos intelectualmente, que físicamente le han dibujado unos abdominales que ni en los libros de anatomía.

El caso es que da la impresión de que el príncipe se está intentando trajinar a su compañera Elika a lo largo de la aventura. Todo son frase falsas preguntando “qué tal está” mientras pone su mano en el hombro, para en el segundo siguiente soltar algún comentario egocéntrico y chulo. Los actores de doblaje no están mal, pero con ese texto no pueden hacer milagros.

El juego es corto, aunque no se cuanto he tardado en terminarlo, pero menos de 8 horas seguro. Y hasta el final, no me parecía un juego especial. No tiene ningún momento memorable y viendo algún vídeo y capturas, ya habremos visto lo mejor. Sin embargo el final sí me gustó mucho, tras tanta monotonía, y me pareció que tenía bastante más sentimiento que el resto del juego.

No se si a posta o subconscientemente, el juego tiene ciertos elementos que me hacían recordar (añorar sería una palabra más apropiada) el Shadow of the Colossus: escenarios grandes, uno de los jefes finales no muere a golpes y hay que pensar un poco (nada que alguien que haya aprobado primaria no pueda hacer) y el final tiene más de una similitud con el juego de Team Ico.

Parece que en Ubisoft no acaban de cogerle el punto a los juego de este tipo en la nueva generación. Ya quedó demostrado con la trilogía anterior del Prince of Persia que pueden hacer juegos muy divertidos y variados. Esta vez se han atrevido a dar un gran paso con la eliminación de la muerte del jugador, algo que yo llevo reivindicando hace tiempo. Pero le falta esa sensación de progreso que tienen otros juegos, esa sensación de haber superado un reto, de tener que poner de tu parte para que las cosas salgan bien. Sigo teniendo fe en Ubisoft Montreal y estaré esperando la próxima entrega de la serie.

Puntuación: 3/5